Este viernes estrenamos en Mujer México la columna de cine Butaca Violeta. Le damos la bienvenida a Carmina Cardiel con su análisis de la cinta Madame Claude.
‘A temprana edad aprendí que la mayoría de los hombres nos tratan como putas; así que decidí ser la Reina’. Madame Claude (2021) cuenta con el guion y dirección de Sylvie Verheyde y con la producción de Florence Gastaud; por lo que el lente con el que podemos conocer a la proxeneta sesentera más famosa de Francia, no es aquél que castiga a las mujeres que se dedican a la prostitución.
A pesar de que en distintos artículos se habla de Fernande Grudet (Madame Claude) como odiosa y adorable a la vez, los clichés alrededor de ella no dejan de ser más que morbo promovido desde las miradas masculinas, que intentan resaltarla como una especie de ‘antiheroína empoderada’ cuando su realidad fue más allá.
Esta es una película que retrata no solo el lado más humano de aquéllas a quienes los hombres han visto como vasijas desechables por siglos, sino que además nos muestra muy de cerca esa violencia estructural por la que son atravesadas, así como los distintos contextos que conducen a cientos de mujeres en el mundo a vender su cuerpo.
Asumirse como varón para acceder al poder
Si bien la historia se desarrolla en un país occidental y considerado de primer mundo, nos permite ver que las ‘mujeres blancas’ no precisamente tienen esos privilegios de los que a veces presumimos ajenos. Fernande, una adolescente de 17 años abandona el campo con una hija en brazos y la añoranza de ser hombre, claro, porque los hombres son poderosos y tienen dinero. Una idea muy recurrente de la época y vigente aún en nuestros tiempos.
Resulta conmovedor ver como al asumirse como varón para acceder al poder, también adopta la herida del castramiento emocional: a los hombres no se les permite llorar porque es señal de debilidad en las sociedades occidentales. Así que ella, por más obstáculos que tenga en el camino, se muestra siempre fría y calculadora hasta que conoce a Sidonie.
Sidonie es un personaje secundario que hace el contraste entre la joven rica de Ciudad, lesbiana, con la experimentada y refinada mujer en la que se convirtió Madame Claude. Esta parte de la película nos permite replantearnos muchas ideas sobre la prostitución. Personalmente me considero abolicionista, pero ¿Es posible ejercer el feminismo desde lo que yo no considero un trabajo dignamente humano para las mujeres?
Sobre el cuerpo como arma y armadura
Luego de ver el filme dos veces, pienso que es posible ejercer sororidad porque finalmente el feminismo se ejerce, no es algo que se pueda medir ni es una herramienta de condena moral. La consciencia de clase también puede darse a través de la experiencia, aunque no siempre es así.
Aún en este sistema de competencias en donde todas actuamos, consciente o inconscientemente, lo personal no deja de ser político y, cuando menos pensamos, es cuando la humanidad más colabora. Entre mujeres nos sororidamos y podemos llegar a comprender las heridas que las otras cargan, pese a las vicisitudes de la vida.
Por otro lado, hay una frase de Madame Claude que es clave en todo el tema de la prostitución: ‘Hay que usar el cuerpo como arma y armadura, así no sufres más’, lo cual me deja pensando en un tipo de subversión política de las mujeres que venden su cuerpo, ante los abusos de una sociedad profundamente machista.
¿Madame Claude es una mujer resentida?
La película no es una apología del ‘oficio’, tampoco es que busque poner a las mujeres occidentales en el protagonismo; sino que nos permite ver una vez más, que las mujeres por ser mujeres, en cualquier parte del mundo padecemos los mismos atropellos de violencia y podemos llegar a ser vulneradas hasta el punto de anularnos a nosotras mismas. Me pregunto cuántas mujeres han/hemos adoptado la herida de los hombres al querer pertenecer a su mundo de Poder, prestigio y dinero.
La cinta está basada en hechos reales, échenle un ojo crítico desde la empatía y no desde la teoría, vale mucho la pena abrirnos a debates para tocar temas que no dejan de ser actuales y que no dejan de lastimar. La prostitución es un lugar en donde nadie quisiera estar y no solo por los prejuicios, sino porque física y humanamente es desgastante y doloroso.
Madame Claude es una mujer resentida, y cómo no serlo en un mundo en donde las mujeres somos vistas como objetos; la cosa es que ella le dio la vuelta y se codeó con hombres poderosos como John F. Kennedy, el sha de Irán, Giovanni Agnelli, el mítico empresario italiano mandamás de Fiat, entre otros. La pueden encontrar en la plataforma de películas más famosa cuyo nombre empieza con ‘N’.
–No eres de su mundo, Claude, y nunca lo serás. Te lo digo porque me agradas.
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