‘Bienvenidos a la Escuelita De Sexo, donde todo pasa, y si no pasa, se le echa saliva’, reza una descripción a la entrada de este recinto virtual en Twitter.
Es el ‘Conócete a ti mismo’ en el pronaos del templo de Apolo en Delfos, pero erótico. Porque aprender es erótico, y tener sexo es conocerse a sí mismo al fin y al cabo.
Tal es la propuesta de una argentina que creció con todos los grilletes que imponen la religión y el patriarcado, pero que rompió cuando por aquí cumplió la mayoría de edad, o algo así, y se fue a hacer casting con Playboy Argentina. Para quedarse. A la primera y contra todo pronóstico de su propia madre, quien medio en broma medio en serio le dijo tiempo atrás: ‘¿A la mansión de Playboy? Ajá, vas a llegar pero a limpiar’.
Con Hefner y compañía viajó por el mundo. Tailandia, Singapur. Celeste González fue la única argentina en llegar a esas alturas, y lleva la marca en la piel, con un conejito que se tatuó en el vientre hace tres años. En Playboy México apareció en la sección Ella nos pone nerviosos, aunque en una entrevista con la misma, aclaró:
«No genero nervios, más bien alegría y placer»
Y qué es madurar sino ir sumando dolores y placeres, escribió hace unos meses Gabriela Wiener para la Revista de la Universidad, en un texto sobre orgasmos dolorosos donde aborda también el tema inevitable: ‘lo poco que conviene al patriarcado que las mujeres tomen conciencia y se empoderen de sus propios cuerpos’.
Las mujeres adolecemos de un sistema de justicia miserable que no nos borra porque no puede, porque no puede nada, ni hacer su trabajo; no hay duda.
Adolecemos de hombres que no saben coger, si le creemos —además de las experiencias propias, claro— al entrevistador de Elo Podcast, quien se lo explica a Celeste González con ahínco para que sepa también cuán útil habría sido para él su Escuelita de Sexo a los dieciséis: ‘los hombres no sabemos coger, y el que dice que sabe coger, ¡no sabe coger!’.
Pero hasta ahí la suma solo nos resta.
Siguiendo la lógica de Wiener, las mujeres permaneceríamos de algún modo adolescentes si dejásemos nuestros placeres de lado; para después; para unos minutos robados al reloj del quehacer doméstico. O para nunca.
En el viaje de entrevistar a Celeste González, la parada obligada —pun intended— es sobre el placer. Pero no el suyo, no el propio, no el de las mujeres; primero tuvo que ser sobre el tema inevitable. Tuvo que ser sobre si, al hacer lo que hace, para el placer de ellos, no se cuelga una letra escarlata con la que algún feminismo le recrimine o, en el mejor de los casos, la compadezca o sea condescendiente con ella por no reconocer los cauces patriarcales que subyacen a esa disposición suya para —supuesta, tácita, evidente, cualquier-cosa-mente— convertirse en un objeto de consumo para los hombres.
¡Pum!
“Es al revés: Yo consumo la billetera de los hombres. Mi libertad no viene de salir desnuda, mi libertad viene del dinero que estoy amasando por ello”
Ni todas las mujeres solo queremos amor ni todos los hombres solo quieren sexo! #anoten
— Celeste Gonzalez (@CelesteGonzalez) June 29, 2020
No nos interesa aquí especular sobre sus ganancias sino, entre otras cosas, destacar la pericia financiera de alguien que no hace ni vende pornografía sino, como ella especifica, soft-porn —como el de las series que grabó para Playboy—. Y no es apologética al respecto: ¿Tendría que serlo? Says who?
No solo es Directora de su propia Escuelita de Sexo donde imparte, junto con un equipo de expertos, seminarios sobre temas como el poliamor o el uso adecuado de juguetes sexuales; también es dueña de su propia tienda de sex toys y lencería, además de que produce sola, sin camarógrafo, community manager ni fotógrafo, material candente para todo el que desee unirse a sus canales en Telegram, Only Fans y similares para hacer sexting. Por si fuera poco, tiene un programa en la estación argentina Pop Radio, y vendería mole los domingos, diríamos en México.
“Yo pornografía no grabo. Sólo soft porn, que es erótico con juguetes y esas cosas, pero no grabo sexo con personas. Porque no lo deseo, si lo deseara lo haría también. Por dinero hago lo que deseo. No hago nada que no quiero hacer por dinero”
El concepto de ‘deseo’ es clave en la reflexión a que nos invita Celeste González. No faltará quien quiera —porque puede— subrayar que es privilegiada porque, a diferencia de otras, ella sí puede decidir sobre su cuerpo, y que desde ese ‘privilegio’ habla.
Pero Celeste lo explica casi con bolitas y palitos —otro pun intended—: hablemos de sexualidad abiertamente, divulguemos, eduquemos, para intentar cambiar la circunstancia represora de las que no pueden decidir sobre su cuerpo.
Así se lo dijo al cantante, actor y productor argentino Nicolás Maiques:
“¿Vieron este tema del patriarcado, el machismo y eso? También perjudicó al hombre en ese sentido. Se le ha dado la responsabilidad al hombre de decir que es su culpa que yo no acabe. Hay muchas mujeres que no se masturban, y es una locura porque no te conocés, y si no te conocés, no le puedes decir al otro lo que te gusta”
Y cómo no tomar lo anterior at face value de quien expresa abiertamente que es bisexual, pero sólo en cuanto a lo sexual, no en lo amoroso; de alguien tan agudo para señalar que en la palabra casamiento están encerrados un verbo y un sustantivo que mucho daño hacen a nuestras sexualidades cuando se coordinan: le miento a la casa. Su Escuelita tiene dinámicas para que las parejas salgan de lo rutinario. Pero, moraleja: la fidelidad es un concepto a revisión.
Mini-clasex para hablar a niños sobre sexualidad
Celeste tiene una hija de 9 años, con la que habla sin ambages sobre su profesión; sobre cómo se hace y cómo nace un bebé; sobre la menstruación y sobre los cambios que comienza a experimentar la mujer en su cuerpo cuando ésta llega:
“Ella sabe que su madre se dedica a la industria de entretenimiento adulto. Así como existe el entretenimiento infantil, pues también existe el entretenimiento adulto. Y comprende que no tiene edad aún para conocer muchos detalles y que a su tiempo los sabrá. Sabe que tengo un sex shop y cuando le preguntan responde con total simpleza: ‘Mi mamá vende juguetes y cosas para que se diviertan los adultos’.”
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Celeste está convencida de que la educación sexual ayudaría a cambiar nuestro desolador panorama, tanto en lo privado como en lo público. Desde la violencia doméstica hasta el político que reniega de leyes fundamentales. A los hijos, enfatiza Celeste, se les debe educar de forma gradual; dándoles la información necesaria poco a poco.
Para terminar, he aquí una mini-Clasex para madres y padres que Celeste compartió generosamente con Mujer México:
- Quiero que sepan algo muy importante: lo que ustedes hacen, dicen y la forma como educan a sus hijos en el plano sexual tiene un impacto muy grande en su desarrollo sexual y si ustedes NO educan, la sociedad lo hará por ustedes. Y malas fuentes pueden hacer un desastre. La desinformación hace un desastre
- A medida que sus hijos crecen, es probable que comiencen a reírse sobre las ‘partes privadas’, que busquen palabras ‘tabú’ en el diccionario. Esta curiosidad es natural. Cuando los hijos estén listos para hacer preguntas, ustedes deben estar listos para darles respuestas
- Todos los días se presentan situaciones propicias para enseñar. Por ejemplo, a la hora del baño, pueden hablar sobre las partes del cuerpo y qué significa ‘privado’. Un embarazo o un nacimiento en la familia son un buen momento para comentar cómo se concibe y nace un bebé
- Llamen a cada cosa por su nombre, el pene es pene, así como la mano es una mano. No apoden sus partes íntimas
- No eviten responder sus preguntas. Esto hará que busquen información en cualquier otra persona, incluyendo amigos pequeños como él que pueden decirle algo erróneo. Adapten las explicaciones a su edad
- No inventen historias sin sentido: la cigüeña, la semillita, el repollo, etcétera
- Muéstrenle confianza para despejar sus dudas. No lo reten si pregunta
- Hablen con naturalidad. Si muestran miedo o pudor, ellos verán el tema sexual como algo malo o vergonzoso, y jamás querrán hablar del tema con ustedes
- Ojo con tus creencias: aquello que te impide disfrutar plenamente de tu sexualidad va a perjudicar su educación sexual también. Reprimir no es la solución, es el problema
- Cuidado con la homofobia: el amor es el amor en todas sus formas. No le tapen los ojos cada vez que se les cruce una pareja del mismo sexo dándose la mano. Porque no es malo. Pide ayuda si necesitas asesoramiento. Para eso estamos nosotros los coaches sexuales, educadores del sexo.
Celeste González habla con los pelos de la burra en la mano; asertivamente, domina su campo. Pero no como una sabelotodo: es una mujer educada, exitosa, que materna y trabaja, como cualquier otra pero que, desde el pleno disfrute de sus derechos, quiere que otras los vivan también.
‘¡Soy libre de mente, de espíritu y cuerpo!’, dijo al final de nuestra entrevista.
Le creo.
Fotos: Twitter @celestegonzalez, Instagram @mcelesgonzalez