Ana María Ortiz se suicidó en marzo en la estación Niños Héroes del Metro de CDMX; su muerte exhibió la inoperancia del Estado.
Ana María no recibió trato con perspectiva de género, que obliga a las instituciones de nuestro país a indagar las condiciones de una fémina y su entorno, ni siquiera cuando dos de sus hijos pequeños fueron ingresados al DIF tras robar en Año Nuevo.
Tras su muerte, las autoridades no investigaron quién era la víctima, su domicilio, parientes o cualquier pista relacionada con ella.
Lo anterior, pese a que a mediados de 2019 acudió a la Fiscalía General de Justicia (FGJ) para reportar que dos de sus hijos habían desaparecido.

Las autoridades emitieron una Alerta Amber y la noticia llegó a los medios; sin embargo, luego de que los menores fueran localizados, no hubo seguimiento alguno.
El 1 de enero, los menores volvieron a aparecer en el radar de las autoridades cuando el gerente de Suburbia, del centro comercial Plaza Tepeyac, pidió apoyo de la Policía.
Aunque los datos y fotos de los niños ya estaban en los reportes de la fiscalía, pero nadie se comunicó con el DIF, ni siquiera porque contaban con una desaparición previa.
La hija de Ana María, Guadalupe, permaneció con las autoridades como desconocida, pese a que estaba en sus propios archivos.

De acuerdo con los registros, la menor y su hermano la Escuela Primaria Revolución, donde se encuentran los datos de su madre, estaba a solo dos cuadras de la agencia donde permanecía, pero nadie acudió a preguntar, se limitó a espera a que alguien llegara.
Las autoridades comenzaron a buscar un albergue para la niña, pese a que la Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes dice que la prioridad es reintegrarles su derecho a vivir con su familia y apoyarlos.
Luego de un mes, Ana María llegó a reclamar a Guadalupe, y aunque no estaba en las mejores condiciones no se la entregaron por desconfianza.

El 6 de marzo, volvió a la agencia, pero tras una serie de pruebas le detectaron depresión y le informaron que no podían entregarle a su hija; sin embargo, no le ofrecieron ayuda ni la adhesión a un programa.
Esto, pese a que a través de Facebook y Netflix el gobierno capitalino promueve la línea de ayuda del Consejo Ciudadano para que quienes sufren de depresión puedan pedir apoyo.
Después de escuchar la determinación de las autoridades, Ana María Ortiz se suicidó junto con su hijo Jesús, de dos años.
El otro menor que la acompañaba, Juan, sobrevivió debido a que se soltó antes de que su madre saltara.
Con información de Animal Político, Heraldo de México y Uno TV
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