El cushioning es común en las relaciones actuales. Tal vez sin darte cuenta ya lo experimentaste o incluso lo practicaste.
Si viste Gossip Girl, seguro recuerdas el famoso triángulo amoroso entre Serena, Dan y Nate. Más allá del drama televisivo, esa historia es un gran ejemplo de lo que hoy conocemos como cushioning.
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El término viene de cushion, que en inglés significa cojín, y la idea es simple (aunque nada sana): alguien mantiene a otra persona cerca como “colchón de seguridad emocional”, en caso de que su relación principal se tambalee o termine. Es como no querer soltar el presente, pero tampoco dejar ir la posibilidad de tener un plan B.
En la práctica, el cushioning puede verse de muchas formas: conversaciones constantes en redes sociales con alguien que “te gusta, pero no tanto”, citas ocasionales que nunca se definen, o incluso coqueteos disfrazados de amistad.
El problema es que, aunque la persona que lo practica siente que se está protegiendo, lo cierto es que está usando a la otra como repuesto y generando falsas expectativas.

Y sí, aunque parezca un invento nuevo de internet, la realidad es que este comportamiento ha existido siempre. Hoy solo tiene un nombre más “cool” y fácil de identificar. Lo importante es reconocerlo, poner límites y no dejar que nos conviertan en ese cojín emocional.
¿Qué es el cushioning?
El mundo de las citas modernas no solo trae apps y matches infinitos, también nos ha regalado términos para describir prácticas amorosas que antes ni sabíamos que existían. Uno de ellos es el cushioning, y créeme, probablemente ya lo has visto en acción.
Básicamente, se trata de estar en una relación con alguien, pero al mismo tiempo mantener a otros en la banca como respaldo emocional. La lógica detrás de esto es sencilla (aunque bastante egoísta): si la relación principal se cae, no se siente tan duro el golpe porque ya tienes un colchoncito listo para amortiguar la caída. Así, se evita tanto el duelo de una ruptura como el trabajo de conocer a alguien desde cero.

El modus operandi suele ser el mismo: mantener conversaciones, coqueteos y planes sin llegar nunca a concretar algo serio. La persona deja que el otro se ilusione, pero corta la comunicación de manera intermitente o se mantiene en un limbo indefinido.
Y ojo, no hay que confundirlo con el benching. En este último las relaciones se llevan una por una, como quien cambia jugadores en un partido. En cambio, en el cushioning todo ocurre de forma simultánea, lo cual lo vuelve aún más desgastante.
Señales para identificar el cushioning
Si quieres saber si estás frente a un caso de cushioning (o si, sin darte cuenta, tú lo practicas), aquí van algunas señales:
- Conversaciones ambiguas
Mensajes crípticos, comentarios coquetos en redes o encuentros casuales inocentes con alguien más. Todo parece ligero, pero guarda una doble intención.
- Falta de compromiso total
Si mantiene activa su app de citas o sigue explorando opciones, es una señal clara de que no está dedicándose al 100 por ciento.
- Reservas emocionales
Cuando evita compartir emociones profundas y mantiene distancia, quizá sea porque no quiere invertir demasiado en caso de que termine todo.

- Evitar definir la relación
El clásico “vamos viendo” o “fluye” puede ser un disfraz para no cerrar puertas y dejar opciones abiertas.
- Flirteo excesivo
Ese coqueteo constante con otras personas, incluso frente a la pareja, es una bandera roja gigante.
- Mantener un plan B
Chats íntimos o personas en espera como respaldo emocional: típico movimiento cushioning.
- Comparaciones constantes
Medir a la pareja actual con otros en físico, éxito o compatibilidad solo genera inseguridad y competencia innecesaria.
Detectar estas señales no significa correr en automático, pero sí es un llamado a reflexionar: ¿hay compromiso real o solo estás siendo el cojín de alguien más?














