Escribo esto en un día especial: el cumpleaños número 5 de mi hija Romina, y quiero aprovechar el regreso de mi columna en Mujer México para dedicárselo a ella
Me enteré de que estaba embarazada justo el día del cumpleaños de tu papá. Habíamos hecho un viaje a Alemania para la boda de tu tía madrina Yamel y al regreso, a los pocos días, tu papá se fue a España a un viaje que había ganado con una marca para ir a ver el futbol allá, así que todos los achaques y malestares que tenía, se los atribuía a los ajustes de horario. La noticia fue la mejor sorpresa que la vida nos había regalado; la emoción no cabía en nosotros, nos urgía contarles a todos, a los nonnos, a tu abuela y a tus tíos.
Fuimos a nuestra primera consulta para poder verte. Aunque fueran solo seis semanas las que llevabas en mi vientre, y algo de lo que nadie habla cuando la emoción y la felicidad es lo que predomina al dar la noticia de un embarazo, es sobre la otra realidad; la que te deja frío y por momentos ves esa felicidad nublada.
Cuando llegamos al doctor y comenzó a buscarte, no encontró nada. Pudimos ver cómo esa cara de ilusión compartida se iba poniendo seria y se tornaba un poco a preocupación. Aunque con mucha calma nos explicó que era “común” que no se viera nada por lo prematuro del embarazo, existía la posibilidad de que no hubiera embrión, nos mandó a esperar tres semanas para hacer un examen de sangre, y otras tres semanas para el siguiente ultrasonido. Salí de ahí con el corazón apachurrado; por primera vez sentí lo que es el amor de mamá, cómo sin siquiera conocerte ni saber si eras niño o niña, ya sentía una necesidad profunda de protegerte y de aferrarme a tu existencia. Fueron las semanas más largas.
Llegamos al consultorio, ansiosos, nerviosos, preocupados, pero con la esperanza y fe de que esta vez estarías ahí, y así fue, escuchamos tu corazón por primera vez y no puedo explicar la sensación: era como si el mío se hubiera reiniciado y ahora latiera diferente, como si ahora estuviera conectado a tu latido. No tenía una preferencia de género, solo deseaba que estuvieras sana y te desarrollaras bien, al poco tiempo supimos que serías niña, la mayoría de tus tíos y abuelos estaban muy contentos. Cuando naciste todos estaban ahí para conocerte. Fuiste una bebé tan esperada que todos querían cargarte.
Aunque nuestro camino ya había empezado nueve meses atrás, ahora era diferente, había leído y me había informado lo más que pude durante todo ese tiempo, sabía muy bien el camino que quería tomar contigo, pero nada te prepara para la realidad.
Aprendí a ser mamá con tus enseñanzas
La lactancia aunque es un proceso natural, duele, duele los primeros días, sentía que mis pechos iban a explotar y aunque estaba decidida a no desistir, claro que había días que el biberón y la fórmula me parecían una mejor idea. Después vino la alimentación, BLW sería nuestro camino; un poco complicado porque todos querían lo mejor para ti y eso los hacía no estar muy de acuerdo con mi decisión. Empecé a entender que la maternidad dependía más de mi intuición; de lo que yo sentía que era lo mejor y lo que mejor funcionaba para nosotros, aunque no todos concordaran.
Y así hemos seguido con cada etapa que hemos vivido. Me enseñaste a confiar en mí y en mis instintos, a soltar y ceder un poco el control de algunas situaciones, que eres más fuerte y más lista de lo que puede parecer. Me has enseñado de resiliencia y aunque debería ser mi trabajo, de ti he aprendido a manejar mejor mis emociones, a ser más paciente y tolerante, a no subestimar tus capacidades. He desechado de mi mente la típica frase de “es niña, está chiquita, no puede solita”, porque claro que puedes y puedes más de lo que imaginamos.
Y lo mejor de todo es que nos preparaste para poder recibir a tu hermana. Preparaste el camino y nuestro corazón, y juntas nos han dado grandes lecciones de fuerza y valentía, de unión y de amor incondicional. Estoy muy orgullosa de ti, de nuestro trabajo y nuestro camino. No ha sido fácil, pero sí muy divertido: eres un ser lleno de luz, de bondad, de felicidad y esa es mi recompensa diaria, ver lo feliz que eres, ver cuánto amor tienes en tu corazón para compartir y dar a los demás. Mi deseo para hoy y siempre es que sigas siendo así de feliz, que nunca se te escape esa emoción que sientes por tu cumpleaños, por la navidad y los días especiales, que nunca te guardes esos abrazos que te encanta dar a quienes amas, que tu imaginación siga volando y tus ganas de querer saber sobre nuevas cosas y temas no se apague, que te detengas a oler flores y admirar todos sus colores, que sigas defendiendo tu estilo y nunca sientas pena de ser, vestir y hablar como eres.
Te queda un largo camino por recorrer, y siento nostalgia de ver todo lo que hemos vivido y lo que nos falta por vivir, pero aquí voy a estar siempre, para caminar contigo y acompañarte, de la mano o cerquita de ti, pero siempre contigo.
Te amo con locura y pasión desenfrenada.
Mami
Portada: Canva
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