El spanking o dar nalgadas en la intimidad es una práctica muy común, pero algunos opinan que es contraria al feminismo debido a que implica sumisión.
El spanking es una práctica sexual relacionada con los juegos sexuales de dominación. Si quieres saber qué opina el feminismo sobre ella, nosotros te lo decimos.
Dar nalgadas o azotes con la mano es un gesto considerado como violento por muchas personas. Además, está vinculado con la idea de castigo.
Sin embargo, otras las consideran como la piedra angular del BDSM (Bondage, Discipline, Sadism y Masochism).
El spanking se considera una técnica para dar y recibir placer muy íntima. El contacto de piel con piel brinda a los participantes una conexión prácticamente instantánea.
Pese a su relación con el BDSM, algunos consideran que los azotes con las manos pueden disfrutarse por sí mismos. Es decir, no se necesita introducir más elementos para disfrutarla.
Desde luego, la idea de que el spanking es un gesto violento e implica la ‘sumisión’ hace mucho ruido. Algunos opinan que las mujeres que se consideran feministas no deberían participar de esta práctica.
¿Esta idea está justificada? Ciertamente hay una postura del feminismo sobre el spanking, pero primero te explicaremos algunos puntos clave sobre esta técnica.
¿Qué es el spanking?
Para comenzar, el spanking es una práctica consensuada por la pareja. Implica dar azotes con las manos en los músculos del trasero.
Los expertos en el tema advierten que no se debe aplicar esta técnica en la espalda baja. Esa zona tiene muchas terminaciones nerviosas y un impacto podría causar mucho daño.
Desde luego, hay quienes desean incluir en esta práctica algunos instrumentos. Podría ser una fusta, una vara o hasta artículos de uso doméstico, como peines y cepillos.
Sin embargo, cuando se utiliza un objeto, la intensidad del golpe debe reducirse. No es lo mismo azotar con la mano que con algo de plástico u otro material.
Aunque el spanking está vinculado con el BDSM, no todas las personas que lo practican están interesadas en incluir otras técnicas más intensas.
Pese a lo anterior, las nalgadas sí son una buena forma de explorar tu tolerancia al dolor. Antes de introducir en la recámara un látigo u otro objeto, probar esta técnica es más seguro.
Como se dijo al inicio, la pareja debe aceptar su rol en esta dinámica. Del consenso depende el placer y la plenitud en las relaciones sexuales.
Lo mejor de todo es que el spanking puede ser ideal para los juegos preliminares. Sobre todo, si se alternan con la estimulación oral o anal.
¿Qué dice el feminismo sobre el spanking?
Algunas personas consideran que el feminismo y el spanking no van de la mano. ¿Por qué? Esta práctica sexual involucra un acto de dominación y sumisión.
Debido a lo anterior, una ‘verdadera feminista’ no debería disfrutar de jugar un rol pasivo.
Además, aseguran que el spanking perpetúa la idea de que los hombres pueden ser violentos y agresivos en la intimidad.
No importa si se trata de un juego de roles para la intimidad. Los detractores consideran que esta técnica erótica mantiene la dinámica de violencia y opresión.
Para quienes consideran que el spanking no está peleado con el feminismo hay un punto importante que aquellos pasan por alto.
Desde luego, el abuso se puede dar en relaciones que introducen el BDSM en el dormitorio. Sin embargo, ese es un tema aparte, pues no tiene que ver con el placer que una dinámica saludable puede ofrecer.
Por dicha razón, una feminista puede disfrutar del spanking sin estar inmersa en una relación basada en la dominación y la sumisión. Es decir, a una mujer pueden gustarle las nalgadas, pero no por eso va a tolerar que la violenten o agredan físicamente.
Asimismo, el feminismo no contiene un manual de reglas que las mujeres deben seguir para poder pertenecer.
Precisamente por lo anterior también se ha criticado mucho la idea de que una ‘verdadera feminista’ no usa maquillaje.
Razones por las que el spanking no es antifeminista
Puedes elegir lo que te gusta
Tratándose de lo sexual, las nalgadas o el spanking pueden brindarte mucho placer. Todo depende del contexto, tu pareja y sobre todo del consentimiento.
Esto no afecta tu idea de que hombres y mujeres merecen ser tratados como iguales en todos los aspectos de sus vidas.
Recuerda que incluso en el BDSM, cualquier persona puede jugar un rol pasivo. Es decir, no se asume que solo la mujer es o puede ser sumisa.
La línea entre dolor y placer es muy delgada
Podría pensarse que las personas buscan el placer y evitan el dolor a toda costa. Pero esto no siempre es así.
Ambas sensaciones pueden experimentarse al mismo tiempo y esto no se limita al contexto sexual.
¿Alguna vez has visto las competencias de comer picante? Es erróneo pensar que quienes participan no ‘se enchilan’ ¡claro que lo hacen! Sin embargo, lo disfrutan y mucho. Lo mismo ocurre con el spanking y otras prácticas y posiciones sexuales.
Cada mujer disfruta a su manera
Una mujer puede llegar al orgasmo con el sexo anal, mientras que otra prefiere la posición del perrito. Alguna más podría pasarla muy bien con un vibrador, en tanto que una última necesita sentir calor humano.
Nada está dicho cuando se trata del disfrute sexual. Ni siquiera en las relaciones de BDSM. Incluso en ellas quien juega el rol de sumiso tiene el poder de detenerlo todo usando su ‘palabra de seguridad’.
Por último, no debemos olvidar que una de las banderas principales del feminismo es el derecho a decidir de las mujeres.
Este punto ha sido muy abordado en lo que se refiere a la vida reproductiva. De hecho, ha sido una de las frases más populares al hablar del aborto, pero no se queda ahí.
El feminismo aboga por que las mujeres puedan decidir sobre su profesión, estilo de vida y, desde luego, su sexualidad.
Con información de The Guardian, Chilango, Boldpleasures, Twenty Something Humans y BBC
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