Hay ese estigma de que se menosprecia el Día del Padre, que porque no les hacemos festivales, no les damos regalos caros o bien, no nos acordamos. En mi caso, siempre comprendí la importancia no solo de festejar el día, sino de festejar la vida misma.
Perdí a mi padre un 5 de diciembre, a causa de insuficiencia renal después de afrontar un batalla prolongada de dos años a raíz de su diabetes. ¿Creen que nadie experimenta en cabeza ajena? Yo creo que sí.
Mi padre se llama Leobardo, era un señor megachispa, que siempre fue terco y tenía la necedad de vivir a prisa, aprehensivo, ansioso y a veces malhumorado, pero contaba los mejores chistes del mundo, se le formaban unos hoyuelos preciosos en su sonrisa —tenían forma de sol, me encantaban—, unos ojos enormes, muy grandes que, a pesar de la miopía, jamás dejaron de brillar. Perdió el cabello muy joven, pero nunca le importó; decía que se nace con estilo, ‘uno no se hace’, siempre decidido y tenía respuestas para todo. Me formó de una forma muy severa, pero hasta ese día comprendí, que en los 23 años que Dios me lo prestó, me entrenó para cuando ese momento llegara.
Nunca se está listo para perder a un ser querido, una vida en sí, pero… ¿Qué es lo que comúnmente te dicen? Estoy harta de la frase ‘la vida sigue’; de solo escucharla, me estreso, pero un día una conocida me dijo ‘Kary, no se trata de que la vida siga, pero tú sí tienes que seguir la vida’. ¡No lo comprendí!
Hasta el día que llegó una pandemia terrible que azotó México y yo tenía que salir a trabajar, estudiar, proveer en el hogar y día a día en redes sociales, televisión, radio y todas partes veía cómo cobró miles y miles de vidas, viendo cómo mucha gente pasaba por el mismo dolor, con una clara diferencia: yo tuve el privilegio de permitirle a mi papá irse.
Mucha gente no puede despedirse de sus seres queridos: sólo les es entregada una urna con cenizas no solo de un ser amado, sino de planes, sueños, metas y anécdotas.
Aún no sé cómo vivir sin él, sin mi primer y único gran amor, pero lo que sí estoy haciendo es honrar con mucho amor, todo lo que me enseñó.
Porque si has llegado hasta aquí, con licencia para interferir en su vida, fue porque tuvieron un largo camino de amistad y si te propones vivir ese momento con toda intensidad, no harás más que demostrar tu capacidad de amar y retribuir el amor que la vida te ofreció.
¡Te amo papá!
En memoria de mi papito lindo, quien hizo de mí una mujer chingona.
En memoria de mi Abue Yoyo, quien me dijo que el mundo es de nosotros los soñadores. En memoria de las vidas perdidas a causa del coronavirus.
En memoria de las vidas perdidas por falta de atención médica.