Siempre hablan de la primera vez como algo mágico, cualquier primera vez: hablar, andar en bicicleta, enamorarse, hacer el amor y más… mucho más; sin embargo, muy pocos te dicen la parte mundana, que duele, como que así como es encantador oír por primera vez ‘mamá’ también es devastador el primer ‘te odio’, que la primera colina abajo en bici se siente como volar y que el raspón de rodillas podrá sacarte más lágrimas que risas, que el primer amor te da un segundo soplo de vida y que una desilusión puede sentirse como morir…
Muchas personas se han cuestionado si vale la pena sentir, pues a veces las emociones solo traen ‘caos’, algo que se muestra en películas donde la trama habla sobre suprimir estos aspectos del ser humano o encasillarlos para manejarlos y tener una sociedad ‘en paz’ —controlada—; títulos habrá muchos, pero dejaré por aquí el videos de una de las películas más populares en la actualidad que aborda este aspecto (antes de que también quede olvidada por una nueva saga).
En fin… creo que hay algo de razón: la pasión, el temor, el odio, etcétera, nos sacan el lado animal, el que muerde, pero ¿qué tan desgraciado es aquel que es incapaz de sentir la vibración del color rojo en los labios, el dadivoso brillo de las estrellas, las jacarandosas lanzas de las trompetas cuando alguien las resopla o el dulce llanto del cielo? No lo sé, ciertamente, yo no lo sé.
Lo que único que sí sé es que todas esas primeras veces, y todo lo que conllevan, valen, como leí en algún lugar de la red de cuyo nombre no puedo recordar, ‘la pena, los riesgos… la vida’.
Portada: D.R.H.
Fotos interiores: D.R.H.