Un aplauso para los niños, porque en confinamiento no solo lidian con su confusión, sino que además aprenden mucho. Y nosotras con ellos.
Se me apachurra el corazón cada vez que veo a mi hijo subirse al columpio agarrándose de él con toallitas desinfectantes, con cubrebocas, careta o lentes empañados y, después de haberse subido, rociarlo con sanitizante.
También me duele la poca o nula interacción que tiene con niños de su edad debido al confinamiento; aun encontrándose en el parque con ellos.
NO HAY DIÁLOGOS
NO HAY JUEGO
NO HAY INTERACCIÓN NI PRÉSTAMO DE PATINES O BICIS
Pero no hay más: debemos ‘EXAGERAR’ O SER UNO MÁS EN LA LISTA DE CONTAGIOS. Así de horrible es todo al exterior.
Quizá muchos a estas alturas ya se hayan relajado pero las consecuencias después son FATALES.
Está sucediendo lo que antes era tomado a broma… ¿Cuántos no se enemistaron ya hasta con miembros de la familia por pedir que tomen y respeten las medidas?
Ya me tiene un tanto harta esta situación.
Esta ‘nueva normalidad’ nos ha dejado en calzones a todos y, efectivamente, la cosa está dividida. Por ejemplo, hace poco con el regreso a clases en línea.
La mitad diciendo que es una injusticia porque no todos tienen acceso a una computadora, smartphone o internet. La otra mitad sintiéndose orgullosa de poder proveer a sus hijos de las herramientas para continuar con sus estudios sin problemas ni quejas de la escuela o hasta de los mismos niños.

Lo que no vemos a veces los adultos, por estar tan pendientes de resolver todo lo que la pandemia ha impuesto es, como decía al inicio: lo triste que es ver parques de juegos acordonados y niños corriendo, sudando incómodos con cubrebocas. Los que se salen sin necesidad porque creen que ya pasó el mayor peligro no piensan en eso evidentemente.
URGE una vacuna pero URGE MÁS LA PRUDENCIA para poder salir de esto.
Mi caso es un subidón de emociones: en casa, mi hijo Patricio, de 7, tenía una vida llena de actividades; muchas veces más movida que la de nosotros en cuestión de fiestas, talleres, vistas al dentista, salidas recreativas y a museos, etcétera.
Ahora eso se detuvo y ha sido un poco frustrante pero, tomado de buena manera, él mismo se motiva a hacer actividades en casa distintas. Para distraerlo algunas veces ¿por qué no decirlo? Simplemente le prestamos el celular y la televisión.
Es una verdadera bendición su hermanito nuevo, pues nos tiene ocupados, motivados y distraídos de todo ese monstruo de información sobre la COVID-19.
Mientras unos se quejan, otros abrazamos el confinamiento.
El temor, la ansiedad y la incertidumbre con respecto a la COVID-19 pueden resultar abrumadores y generar emociones fuertes en los adultos pero peor en las criaturas en confinamiento.
El distanciamiento puede darles cierta sensación de soledad; sin embargo, esta medida no ha dejado de ser necesaria para reducir la propagación del coronavirus.
Aprender a lidiar con el estrés de manera saludable es una de las cosas con las que tenemos que salir fortalecidos de estos tiempos difíciles. Pero si a los adultos nos cuesta, imagínense a los pequeños.
No se trata solo de contar con alimento o techo bajo el cual vivir: salir de casa, ir a la escuela, jugar con otros niños, correr y saltar son actividades sumamente importantes para su desarrollo.
ME FASTIDIA la frase ‘Hay que aprender a vivir con el virus’. Por eso se salen, van a eventos, hacen su vida como si nada pasara. Creen que con andar cargando su antibacterial y ponerse su cubrebocas no andan repartiendo el virus.
¿POOOOOOOOR?
Hace unos días Facebook me recordó unas fotos donde mi hijo disfrutaba de un carrito de monedas en una plaza, hace 6 años. Justamente hace un par de semanas, al ir al dentista, mi bebé de 7 meses se quedaba mirando los mismos cochecitos y efectivamente sentí horrible al verlos acordonados.
Ese día por primera vez salieron juntos los niños después de mucho tiempo, así que también tomé una foto para tener evidencia más adelante de lo que pasábamos en esos momentos.
Patricio insistió tanto en un helado de McDonald’s que nos la jugamos.
Y además quiso su foto junto a los juguetitos; terriblemente sin poder quitarse el cubrebocas.

Save the Children señala en su página de internet que los sentimientos de impotencia, soledad y miedo a la exclusión; el estigma o la separación de los seres queridos, son comunes en cualquier epidemia, pero advierte que:
“…la falta de juegos al aire libre, así como el estrés prolongado, el aburrimiento y el distanciamiento social, pueden provocar en los niños y niñas problemas de salud mental”.
Las encuestas realizadas por la organización en Estados Unidos y en varios países europeos, dice el sitio, reflejan cifras preocupantes sobre la salud mental de los menores:
“Por ejemplo, en Finlandia, siete de cada 10 participantes en el estudio tenían ansiedad y el 55 por ciento presentaba fatiga. En Reino Unido, casi el 60 por ciento de los niños y niñas temía que un pariente pudiera enfermar y, en Alemania, tres de cada 10 estaban preocupados por no poder terminar el ciclo escolar.»
El impacto que la pandemia está teniendo en la salud física y mental de los niños yo lo alcanzo a ver en mis hijos aunque sea leve. Es cierto, que están sufriendo muchos cambios, como dice Save the children, ‘de alto impacto, en un periodo de tiempo muy pequeño’, y por eso es que se debe actuar ahora, si no queremos que tengan problemas mentales después.
A pesar de todo, los chiquitos se han adaptado de una manera fenomenal. No son las mejores condiciones para ellos pero, insisto, es tiempo que ha servido para crecer en conocimiento tecnológico para y con ellos.
Mi hijo de 7 ya hace sus propios videoproyectos y videollamadas a sus abuelos, tíos y amigos.
Todo este conocimiento de cómo subir tareas a la plataforma, silenciar la pantalla, levantar la manita en Zoom o salir de una clase para irte a la otra liga, quizá no se habría dado así de fácil.
Creo que todos hemos hecho un gran esfuerzo pero SIN DUDARLO, los niños más.
En casa se trabaja disciplina, se refuerza el conocimiento, los modales (pedir la palabra); hacerlo bien y a la primera, sin distracciones; se trabaja con orden, puntualidad, con valores; haciendo énfasis en el agradecimiento.
Claaaaaro: lidias con rabietas, con cansancio y con aquello que tu hijo no ha aprendido bien; que como madre bien sabes porque está en ti solucionarlo.
Éramos felices y no lo sabíamos.
Ahora seremos más agradecidos más empáticos, flexibles y amables. O al menos eso se espera.

Por eso las invito a ser pacientes con sus pequeños; es importante que estos sepan que el confinamiento no es un castigo para ellos, sino una forma de mantenerlos a salvo a ellos y a la familia.
Para los chiquitos de menos de 10 años es difícil identificar sus propias emociones, como ya comenté en una columna anterior, sobre la crisis de los 7 años.
Nosotros los adultos escuchamos o leemos sobre depresión y la identificamos como un periodo de tristeza o falta de ánimo. Pero ellos, porque no lo entienden, se enojan, hacen berrinches, son más agresivos, rompen las reglas.
Esos aparentes signos de rebeldía o desobediencia pueden ser síntomas de confusión que, por ser chiquitos no pueden explicarnos. ¡Seamos comprensivas con ellos!
Sigamos cuidándonos unos a otros para que esta sea una anécdota de la que habremos salido victoriosos pero, sobre todo, juntos.
Te veo en Instagram: @melevaitiare <3
Portada: Fernanda Romero y captura de pantalla
Interiores: Fernanda Romero